¿Los rituales nos ayudan a mejorar nuestras vidas?
¿Los rituales nos ayudan a mejorar nuestras vidas?
Efectivamente ocurre así: contribuyen a sobrellevar las pérdidas, a disminuir el dolor y aminorar el estrés. Incluso pueden volvernos más productivos y permitirnos disfrutar los momentos con mayor intensidad. Un ritual incluye una serie de acciones realizadas principalmente por su valor simbólico y que tienen base en alguna creencia religiosa, ideologías, tradiciones, recuerdos o en la memoria histórica de una comunidad.
A nivel psicológico, los rituales nos hacen recuperar la confianza en nosotros mismos, retomando el control en determinadas circunstancias en las que lo sentimos necesario. Nos ayudan también a relajarnos, sentirnos más tranquilos y a lidiar con la ansiedad. Por otro lado, nos permiten hacer un cierre cuando hemos perdido algo o a alguien muy significativo, disminuyendo nuestra sensación de frustración, angustia, incertidumbre, desconcierto, pena o enojo. En algún momento de nuestras vidas los rituales pueden aumentar en cantidad o frecuencia, volverse obsesivos e incluso ineludibles por más que intentemos dejar de hacerlos, haciéndose muy incómodos y dificultando nuestro diario vivir. Esto podría ser una clara señal de que estamos experimentando momentos de gran estrés emocional.
Las personas que realizan rituales obsesivos sienten la necesidad imperiosa de hacer ciertas cosas de manera reiterada y compulsiva para sentirse protegidos, eliminar los pensamientos atemorizantes o asegurarse por completo de que las cosas estén seguras, limpias o correctas. Pueden ser experimentados tanto por niños como por adultos y muchas veces existe una predisposición hereditaria a desarrollarlos. Es importante comprender que los rituales obsesivos no son algo que pueda detenerse, aunque se intente arduamente. Se trata de un trastorno y al igual que cualquier trastorno físico, no se puede manejar a voluntad. Hacen muy difícil la vida diaria de quienes los experimentan y de sus familias, quienes viven gran tensión e invierten mucho tiempo y energía en ellos, lo que les complica terminar labores o disfrutar la vida.
Además de sentirse frustrados o culpables por no poder controlar sus propios pensamientos y actos, quienes los experimentan podrían sufrir baja autoestima o sentirse avergonzados por lo que están pensando o sintiendo. También podrían sentirse presionados al no tener suficiente tiempo para hacer todo lo que desean, volviéndose más irritables o presentando dificultades de atención y concentración debido a los pensamientos intrusivos, lo que podría perjudicar su desempeño escolar o laboral.
Cuando observamos en nosotros o algún ser querido lo anteriormente descrito, se recomienda buscar ayuda psicológica y realizar una terapia para lograr sentir alivio y encontrar un manejo alternativo de dichas situaciones que producen agobio y malestar extremo.
Psicóloga Karen Klein